Relato: Todo es provisional

Félix mira la cara del fallecido, de avanzada edad, en su ataúd de caoba. Es un desconocido para él, pero no le da miedo. Parece un muñeco.

No sabe por dónde empezar pero aunque no era esto lo que quería, es lo que finalmente ha elegido a sus veintiséis años recién cumplidos. Y ya está, no hay que darle más vueltas. Todo es provisional.

Se sienta un momento y se lía un cigarrillo. Fumar mata y molesta –se dice– pero qué importa, éste no se va a quejar.

Mientras mira el humo recuerda que hace ya ocho años estudió, en contra de los deseos de sus padres en la Escuela de Circo de Turín después de deambular unos meses por las plazas de Madrid haciendo malabares en los semáforos. Había que ganarse el pan y nadie le apoyó en sus deseos de independencia. No soportaba el hogar paterno y era una pena, porque los viejos estaban bien. Eran majos la verdad, pero no le comprendían. El estaba en contra de esta sociedad consumista y satisfecha. Era un rollo y no pensaba terminar la asignatura de inglés para sacar el Bachillerato.

En Turín se defendió bien con los malabares y algo de dinero que le enviaban cada uno de sus padres en secreto, para no traicionarse el uno ante el otro en un acuerdo tan firme de resistir hasta que Nacho cambiara de opinión y volviera a un proyecto más razonable. No comprendieron a tiempo lo mucho que le gustaba la aventura y  las dificultades, cuantas más, mejor. ¡Pobres viejos!

Allí aprendió italiano y conoció a Lisa, una profesora de la Escuela y  especialista en acrobacia, cinco años mayor que él,  que le llevó a su casa y le propuso números callejeros  que él escenificaba con el entusiasmo del principiante. Era el nuevo arte urbano llevado al circo. Salieron en los periódicos y fue una novedad muy celebrada. Félix hacía de presentador, comía fuego y actuaba como payaso para los más pequeños. Ella era  el número serio y elegante, con sus mallas ceñidas y sus admirables equilibrios y piruetas enganchada a una tela roja. Un cuerpo esbelto, joven y atlético, una sonrisa permanente, lo que podría decirse una belleza.

Algunos veranos los pasaba como aprendiz en circos ambulantes por Italia, familiarizándose con su vida errante y hartándose de limpiar las pistas, los camiones y todo lo que se ponía por delante. Así se pasaron los años y terminó la Escuela, pero Félix se rompió un tendón en una actuación y tuvo que operarse, ahora sí, con el apoyo de sus padres y decidió volver a casa, a pasar unas  largas vacaciones y poner tierra de por medio sobre un futuro posible en el circo y con su amada profesora, con la que iban surgiendo cada vez más diferencias en los protagonismos de sus propuestas profesionales. No era lo que buscaba. El accidente fue providencial.

No aguantó mucho en casa a pesar de llevarse bien con la familia y de tener muchos amigos. Es difícil volver al hogar de tus padres cuando has empezado a construir el tuyo, aunque sea errante.  En un par de meses se recuperó y desoyendo los consejos paternos, decidió irse a vivir a las cuevas de Sacromonte con amigos hippies y “okupas” como él. Fue divertido. Allí no pagaban alquiler, ni luz, ni agua. Vivian como en la España de los 50, lejos del consumismo que todo lo arrasa, con románticos que quedaron aquí atrapados, con gitanos y flamencos.

El problema era que en Italia su arte callejero se celebraba pero aquí, como en tantas ciudades, era ilegal. Ya pasó con los grafitti y hay que ver cuánta gente pudo vivir de su arte después. El alcalde de Granada prohibía estas actividades por la ciudad debido a la mala imagen que proyectaban en los ciudadanos.

¡Qué injusticia! Es un mundo inmundo, sonreía con sorna Félix mirando al techo.

Lo bueno de esa etapa es que conoció a una pintora estupenda, cariñosa y ácrata como él. Trabajaba mucho, tenía talento y ya empezaba a vender sus pinturas en los mercadillos callejeros. Mientras tanto, toda la familia le iba consiguiendo trabajos relacionados con el espectáculo: verbenas, actuaciones en fiestas, desfiles de Carnaval, y pasacalles, actividades que fueron decayendo con la crisis económica y que afectó especialmente a los presupuestos de  los Ayuntamientos. Una etapa triste. Muchos empresarios y muchos jóvenes tuvieron que buscarse la vida de otro modo.

-Félix terminó su cigarrillo, se levantó y se acercó a la figura inmóvil, preparó su maletín y colocó todos sus botes, colores, cremasy pinceles encima de la mesa mientras repasaba sus últimos años con un suspiro.

De nuevo peligraba su supervivencia, así que decidió un cambio de rumbo para su vida. Irse a la vendimia a Francia. Algo había oído sobre estos viajes a los mayores de su familia, era como una vuelta atrás, pero el caso es que pagaban fenomenal y se iban algunos amigos de Granada. Sin embargo, su deseo de independencia crecía y para su proyecto necesitaba una pequeña ayuda. De nuevo encontró el apoyo de su familia después de asumir  que él había decidido su vida por esos derroteros que nadie comprendía muy bien. Se impuso el amor y el respeto o la resignación, no sabe… y le preguntaron… ¿qué es lo que te hace más ilusión? Y Nacho lo tuvo muy claro: Una furgoneta para vivir en ella, para llevarla a todas partes, para que fuera su casa. Y un perro, que le acompañara y al que cuidaría y con el tiempo, ya conseguiría un campito para él. Consternados, sin comprender nada, moviendo la cabeza en silencio y pensando qué cuerda se le ha roto a nuestro hijo tan cariñoso, tan especial, accedieron a sus deseos y le compraron su furgoneta con seguro para un año y consiguieron un pastor alemán para que le acompañara. Fue genial observarles en silencio mientras escuchaban la propuesta  con los ojos como platos y ante la sorpresa de todos……funcionó.

 ¡Qué heavy, los viejos se portaron! Se repitió en voz alta

Fue estupendo, porque en Francia aprendió muchas cosas, francés, para empezar y también cómo injertar árboles. También conoció a una mujer entre el grupo de amigos  que le facilitó bastante las cosas y que sigue siendo su amiga, como todas, la verdad. La gente le quería tanto, que volvió dos temporadas. Y ya sumaba dos idiomas.

Al pensarlo, sonríe satisfecho. -En realidad le quiere todo el mundo o siempre encuentra gente que le quiera allá donde va.

Finalmente, hizo lo que sus padres esperaban desde hacía tiempo, estudiar. Eso fue un acontecimiento. Aprobó el inglés y le ayudaron a preparar sus papeles para matricularse en un módulo de Formación Profesional en caracterización y maquillaje, en un centro de formación profesional de Málaga. Todo eran notazas, incluso consiguió una beca para prácticas en Toulouse donde le hicieron un reportaje para la televisión con un trabajo de zombies. El cine gore era su entretenimiento favorito. Conocía todas las películas, todos los cortos y a todos los directores. Su preferida ahora era “Tu mamá se comió a mi perro”. Se maquillaba a sí mismo y se hacía fotos que publicaba en Facebook. Fue estupendo ese periodo de dos años en Málaga, primero en su casa-furgoneta, pero luego en un piso con amigos.

Y conoció a su actual pareja, una diseñadora gráfica divertida y emprendedora con la que quizá la cosa cuaje porque él está muy entusiasmado pero algo tiene que cambiar y con esta maldita crisis los trabajos escasean.

Alguien le comentó lo que gana un maquillador de muertos….un “tanatopractor” le dijeron que se llamaba esa profesión y le pareció que él podía con eso, con esa línea entre la vida y la muerte, a ver si mientras tanto le salían trabajos estupendos de maquillador profesional de cine y televisión, que se le da muy bien, o con lo que gane ahora, puede irse a Estados Unidos con su chica a seguir desarrollando esta especialidad que realmente le apasiona o quizá a Toronto, la ciudad emblemática del arte urbano.

Pero, pensándolo un poco…. ¿qué hago yo aquí en un lugar invisible? – Félix pensaba en voz alta.

Para mi cliente no existo y para sus familiares tampoco, ya tienen bastante con su dolor. Yo necesito brillar, exhibirme, un artista como yo no tiene suficiente con el trabajo bien hecho. Necesito algo de reconocimiento, ser el centro de todas las miradas y del amor de la gente que aquí se desvía al muerto.

Félix hizo su trabajo, se despidió agradecido de su primer cliente, recogió sus herramientas, cerró su maletín, dejó su bata blanca en la taquilla y se puso la cazadora, listo para un nuevo proyecto.

-Siempre me he arreglado con poco dinero y aquí no hay inyecciones de adrenalina, así que. me largo con viento fresco. ¡Bye bye, mi obra de arte de hoy!

Ni una mirada atrás mientras cerraba definitivamente la puerta de la funeraria.

¿Y después qué? Después ya se verá. Hoy ha sido un día muy productivo, he encontrado respuestas…. y ya sabes, en la vida…..todo es provisional.

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