Viajes: En Malta, cinco mujeres

 

Se acerca el verano, el trabajo nos da un respiro….apenas unos días. ¿Dónde escapar para volver renovadas?

La elección fue Malta, la república de Malta, el estado más pequeño de la Comunidad Económica Europea. Cuando lo miras en el mapa, ocupa más el nombre, aun siendo corto, que el espacio visible en el mar, apenas un punto en el Marenostrum.

El color del archipiélago en verano, desde que llegas hasta que te vas, es el ocre, todos los tonos del ocre. Ni siquiera en Gozo se disfruta del verde en estos días; apenas unos campos, unos espacios entre acantilados, cerca de las poblaciones. Cuando lo descubres te produce una gran alegría. Hemos podido disfrutar de los azules, múltiples tonos desde el oscuro, el ultramar, el azul de prusia de los pintores,  hasta los  turquesas más luminosos, todos aderezados con la claridad de estos días soleados.

Mirar, reír, disfrutar de todo: los vuelos, el hotel, los restaurantes, las playas, el sol, el día de navegación, los museos, las visitas a la ciudadela, los palacios,  a cada ciudad o pueblo, a las tiendas, participar en las fiestas a los santos y las relaciones. El verdadero lujo es dejarse llevar, que te cuenten, te organicen un crucero a las islas eligiendo los mejores abrigos, las aguas más azules y la conversación amable. Valorar el esfuerzo de otras mujeres para valorar el propio, especialmente en un país tan machista como éste, donde tienen el porcentaje más bajo de participación de mujeres en puestos directivos y el más bajo de toda la Comunidad Económica Europea en inserción laboral. Las desigualdades son enormes todavía.

Un pequeño país lleno de historias sangrientas, donde las mujeres han luchado para defender las invasiones turcas y musulmanas, que han reparado murallas, que han simulado ser soldados para engañar al enemigo, que se han ocupado de reponer las fuerzas de los caballeros, soldados, maridos, hijos, que han dado su vida y la de su familia para defender al cristianismo en el mundo. No han conseguido grandes ventajas, aunque la vida ahora les sonríe. Los turistas ofrecen el lado amable y el progreso, Europa es un espejo donde mirarse. Tienen historias que contar.

Un viaje de lujo al tener con nosotras a  una mujer experta que nos guió y acompañó y nos descubrió los rincones más bonitos y las historias más apasionantes. Una maltesa amable que como la dueña de la casa, te orienta hacia las posibilidades de tu estancia: Un buen restaurante, baños para el relax, espacio para lecturas y paseos, lugares donde perderse, las mejores tiendas, las fiestas y celebraciones accesibles, ese “saber estar y no estar” para que las invitadas nunca se sientan incómodas ni aburridas.

Un viaje de mujeres, cuatro viajeras y una anfitriona. Otras mujeres notables como  la condesa de la casa Rocca Piccola, y especialmete Jackie, la experta capitana del yate … Días donde los hombres tuvieron su espacio únicamente para las anécdotas. Enrico para el juego amable y amoroso , Mariano como el viajero insaciable, estudioso, inquieto y charlatán.

Hemos recorrido todo lo que hay que recorrer, visto todo lo que hay que ver para un primer malta-1148454_1920contacto con este país tan pequeño, como Ibiza pero con una historia de batallas tan grande: La Valeta, la capital Patrimonio de la Humanidad, el Gran Puerto, los templos megalíticos de Ggantija, la antigua capital Mdina, ciudad de silencio, sus palacios, la fiesta del santo patrón en la bahía de St. Julian’s, La cueva azul, la gruta azul, la laguna azul, la playa de Calipso, la Concatedral -santuario de los caballeros, asombrosa y magnética- y el Museo de San Juan, las salinas romanas, el fuerte de San Telmo…. Marsaskala y su mercadillo , los museos…y varios recorridos en barcas distintas, el agua siempre presente, siempre en la historia de esta isla estratégica. Pero para mí, sobre todo, el día de navegación alrededor de las islas de Gozo y Comino, el relax de la conversación y la intimidad de ese espacio reducido,  los chapuzones y los ratos de tomar el sol sobre el velero. Verlo todo con el frescor del viento sobre la piel en esos días tan calurosos, los baños relajados en los mejores abrigos. Desde ese lugar privilegiado, en un día propicio para pasear en barco, pudimos contemplar esa costa tan escarpada, inaccesible a veces y rodeada de torres de vigilancia, una completa red de atalayas de los siglos XVI y XVII que cubre todo el archipiélago -Solo hemos visto un faro- y perfectamente situadas para facilitar las comunicaciones de día y de noche. Hemos recorrido las islas por tierra y por mar y siempre salen a nuestro encuentro. ¿Cuántas hay? ¿Trescientas? No lo recuerdo.

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Todo era motivo de conversación en el grupo.Y yo, feliz con la compañía, del paseo en barco, del huir de todo y de todos al menos unos días. Mucha intensidad ese mes para mi ánimo. Demasiadas emociones y tristeza en la mochila los últimos meses que no acababa de procesar. Saqué mi lado más despreocupado, me dejé llevar.

Todas viajando para calmarnos de la vida, para seguir con nuestras vidas con energía renovada. Y conociendo la vida de los caballeros hospitalarios de la orden de San Juan y de esta gente en el pasado, agradecemos vivir en este siglo, en este país, con estos medios que nos permiten, como mujeres independientes, poder disfrutar de una experiencia como ésta. Somos afortunadas, muy afortunadas.

Libros recomendados para el viaje:

  • Caballeros de Malta, de Elia Barceló
  • El Gran asedio, de Ruben Saez
  • Un corto viaje a Malta y Gozo. Guía de Anaya
  • Malta, de Enrique Gómez de León. 
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