VIAJES: BERLÍN, EMOCIONES A FLOR DE PIEL

Viajé a Berlín con amigas. En principio quería hacerlo con mi hija, pero ya conocía esta ciudad sorprendentemente joven y mi hijo no podía en el mes de julio, aunque tenía muchos deseos de conocerla.Lo consiguió al año siguiente organizando un recorrido que combinaba paseos y bicicleta.

Todo lo que vi me sorprendió. Fui con mucha lectura en mi mochila. Guías, pero también literatura, historia, anécdotas. Y había tanto que ver y tanto que pasear que esos días se pasaron en un vuelo. Mis amigas viajeras disfrutaron tanto como yo de sus museos, su arquitectura, la vital evolución de la ciudad y los recorridos históricos hacia el pasado y hacia el futuro. Berlín fue una ciudad con altas dosis de sufrimiento, con la guerra, durante la guerra, al final de la guerra. Bombardeada hasta la extenuación. Y con el recuerdo en calles, plazas y aceras de  personas desaparecidas, asesinadas. Muchas casas conservan los impactos de las balas.. muchas aceras recuerdan con placas doradas a sus ciudadanos asesinados. Hay muchas construcciones nuevas que te sitúan ante la emoción del holocausto. Recordar para no repetir, dicen. Es todo un ejemplo.

Berlín es el destino de muchos jóvenes curiosos, artistas, estudiantes, intelectuales y amantes del arte. Debe ser la más cosmopolita de las ciudades alemanas, según he escuchado. No conocía  Alemania, tan sólo a través de documentales, cine o amigos.

Pero la disfruté mucho. Andaba de emoción en emoción. Fue todo un descubrimiento. Estas ciudades que no se olvidan. Para repetir.

En la Isla de los Museos pude sentarme en los escalones del altar de Pérgamo, pasear por la antigua Babilonia, asombrarme con los colores de la estela de Hammurabi y admirar de cerca la grandeza del busto de Nefertiti, entre muchas otras bellezas.  El conjunto de los cinco museos merece varias visitas. Hoy son Patrimonio de la Humanidad.

Mi emoción continuó ante los tesoros arquitectónicos de la ciudad, en especial la Potsdamer Platz, un espacio totalmente renovado donde se conserva, a modo de reliquia, el primer semáforo automático de Berlín, mil veces reproducido para recuerdo de los turistas.

Por allí encontramos maravillas arquitectónicas como el Sony Center, el Quartier Daimler Chrysler, la torre Debis, la torre Kolhorff o el Grand Hotel Esplanade con una reliquia del pasado comedor conservada con primor. Arquitectos como Moneo, Renzo Piano, Hays Kolhorff, Arata Isozaki, Helmut Jahn, han contribuido a la singularidad de este espacio en la ciudad.

Otro espacio a visitar es el museo judío, el mayor de Europa. Muestra, a través de obras artísticas y objetos de la vida cotidiana, la historia de los judíos que viven y vivieron en Alemania durante los últimos dos mil años. Diseñado por el arquitecto polaco Daniel Libeskind, sorprende por su gran diferencia con otras construcciones.

Por su fuera poco, Berlín es también la sede de la Escuela de artesanía, diseño, arte y arquitectura La Bauhaus que sentó las bases del diseño industrial y gráfico. Las obras de Gropius y Dessau fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

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Pero hay más, mucho más.

Cuando vas paseando por sus calles, avenidas o parques, te encuentras tesoros maravillosos que atraen toda tu atención. Y te paras  y disfrutas de todo el arte que los escultores y artistas ponen a disposición de todos los paseantes. Uno de los rincones más estremecedores que pude ver paseando desde el hotel hacia la puerta de Brandeburgo es el que encuentras en frente de la Opera de Berlín. Allí, como si fuera un accidente fortuito, como de pasada, descubres este pequeño edificio con una característica fachada de estilo neoclásico, terminado de construir en 1918.

Cuando accedes al interior descubres una estancia completamente vacía y en el centro, una escultura.Se trata de la obra Madre con hijo muerto, de la artista alemana Kate Kollwitz. Sin embargo, esta escultura es más conocida como La Piedad de Kollwitz. Una escultora fue capaz de captar toda la emoción de la pérdida.

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Madre e hijo surgen de la misma piedra, de la misma carne. Cuando llueve, cuando nieva, la escultura recibe por un estrecho círculo abierto en el techo a cielo abierto, las gotas y los copos, lágrimas que se deslizan por los cuerpos destrozados por el dolor. Hoy se considera un monumento a las víctimas de las guerras y las dictaduras.

Muy cerca, La puerta de Brandenburgo, símbolo de la reunificación alemana y escenario de festivales y conciertos, que en julio estaba en obras, pero  es visita obligada junto con el recorrido por el muro de la vergüenza, con su franja de la muerte, apenas un kilómetro y medio queda hoy como símbolo de la guerra fría que duró 28 años. Y recorrerlo es una gran experiencia que te remueve desde el horror y la pena a la alegría y sorpresa de sus pinturas con alusiones políticas, satíricas o vitales. Hoy es el East Side Gallery, la mayor colección de arte mural al aire libre del mundo. Te produce una gran alegría este cambio festivo y creativo. Realmente, las emociones son contagiosas…graffiti-745071__340

Y en las cercanías de la puerta, La plaza del Holocausto, el monumento en memoria de los judíos asesinados en Europa que pretende enfrentarse a la noción de monumento en sí misma. Cuando te paseas por su interior sientes una gran opresión en un entorno frío y desolado.¿Así se sintieron ellos?

Y en nuestros paseos,  todavía nos sorprende la vida berlinesa al  encontrar artistas del performance y sus desafíos a pié de calle. Para ellos, la vida es más interesante que el arte, la pintura o la escultura, en un intento de disolver las líneas entre el arte y la vida. “Arte vivo” dirían ellos.

Estos artistas vienen de todas las regiones del mundo. Katja, una pintora de origen polaco llegó a Berlín por amor. Pero entre tanto la ciudad la ha seducido y ella como muchos otros artistas se muestran fascinados por su atmósfera creativa.

Katja es  una artista inclasificable que trabaja con materiales y técnicas como el collage, la estampación, el grabado o el trabajo corporal, creando así un mundo conceptual y estético propio y único. Su trabajo siempre combina temas políticos y sociales con percepciones subjetivas y ensoñaciones surrealistas. A Katja la conocimos en la calle, nos acogió en su estudio y nos animó a participar en la creación de grafitis en los muros alrededor de su sala de exposición. Nos pusimos guantes, cogimos los esprays y nos lanzamos a las pintadas, primero tímidamente, después resueltas a dejar nuestra huella. Eso sí, una vez hicimos nuestra “obra”, volvimos a dejar los guantes manchados y las pinturas en el espacio reservado para la exposición, que muestra un audiovisual de una gran belleza estética de nuestra artista recorriendo el muro en bicicleta. Los materiales se van acumulando y puedes valorar la cantidad de personas que desean vivir esa experiencia.

Además los berlineses se muestran muy comprometidos con la preservación del medio ambiente y la arquitectura ecológica, pero eso lo contaré en otro capítulo. Si, Berlín merece varios viajes para disfrutarla. Imprescindible visitar un huerto urbano y hablar con la gente.

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Lecturas recomendadas:

 Mi Berlin, crónicas de una ciudad mutante. Esther Andaradi

Lugares donde se calma el dolor. Cesar Antonio Molina

Berlin de cerca, Andrea Schulte-Peevurs

No hay cielo sobre Berlin Helga Schneider

 

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