Relato: Romántico y soñador

Casa-de-dos-pisos-y-86-metros-cuadrados 

-¿Qué pasaría si empiezas a hacer unas cuantas cosas de una manera distinta?-

 

Así debía empezar el horóscopo de Guillermo cuando decidió construir su propia casa. Reconoció que eran una asignatura pendiente, mil veces intentada y nunca lograda. Primero porque no había trabajo, después porque había familia que atender, estudios, hipoteca, coche, vacaciones y esas cosas que parecen normales cuando se forma una familia.

Esa idea rondaba una y mil veces por su cabeza y ocupaba unas cuantas horas de su tiempo libre. Un tiempo que se convertía sin esfuerzo en lo mejor de su semana. Escapar, mirar, ver planos, imaginar cómo sería. Su viaje a Ítaca.
Y siempre la casa ideal estaba en un lugar algo apartado para su mujer, que necesitaba la seguridad y el calor de los vecinos y lugares cercanos para las compras, los paseos, los colegios, las comunicaciones. Ella siempre imaginó que era una especie de hobby que no llegaría a materializarse, pero le temía y se angustiaba porque la tozuda realidad es que ya llevaba a la espalda seis traslados. Un fastidio.

Ahora que estaba separado podía hacer realidad su sueño. Y un día decidió el cambio. Buscó ideas y capturó recuerdos, ¡había visto tantas cosas y pensado tanto en el proyecto!. Grandes ventanales al campo, encinas por paisaje, terreno para huerta, piscina para los amigos, hijos y nietos. Un gran sofá para observar los días, las nubes y los atardeceres. Un buen equipo de música y una casa ecológica para una nueva etapa.

Recorrió lugares y después de mucho pensarlo, descartó las zonas templadas. El nostálgico y querido Mediterráneo, ideal por su temperatura estaba demasiado lejos de sus hijos, de su nueva pareja y amigos. Un lazo de afecto imperceptible pero sólido como una roca que tira tanto como la tierra,  aun en contra de nuestros deseos. Una renuncia, al fin y al cabo, la de su familia de origen.

Y después de un año de búsqueda, encontró el lugar que se ajustaba a sus deseos, una considerable extensión de terreno con encinas centenarias y robledales, una zona de monte bajo con ciervos, perdices, topos, rapaces, cigüeñas y quizá avutardas. Cerca de pequeños pueblos y a pocos kilómetros de una gran ciudad, pero lo bastante lejos para sentir con todo su peso esa soledad que tanto valoraba y que tanto le diferenciaba de sus amigos, cuya presencia necesitaba también, pero sólo de vez en cuando.

Una casa no demasiado grande, con todos los avances tecnológicos y decoración minimalista. Y si la orienta según las reglas del Feng Sui, será el lugar de sus sueños. Ya se la imagina como será sentado en su piedra preferida mientras disfruta la naturaleza escapando cada vez con más frecuencia de las obligaciones diarias. Ahora ya tiene un lugar donde centrar su mirada.

Le hubiera encantado a su madre. Aunque ella era de asfalto y no hubiera abandonado la ciudad por nada del mundo o, si lo hubiera hecho por su marido, habría estado refunfuñando día sí, día también. Su padre, que se conformó toda la vida con su pequeña casa de sesenta metros cuadrados, en la que formó su propia familia, le hubiera seducido tanta tranquilidad y soledad, aunque su aversión a las enfermedades le hubiera alejado de algo que no fuera estar cerca de un hospital, así que lo más seguro es que nunca hubiera ido a visitarle.

La madre de sus hijos le observa desde la distancia y conocerá la casa a través de fotos y visitas de fines de semana que ellos le contarán. No puede opinar ni lo intenta, pero enviará el precioso sofá familiar, elegido por él hace tiempo con mucho cuidado y cariño, a la nueva casa. Un punto de unión con el afecto, después de tanto tiempo juntos.

Está haciendo grandes cambios en su vida que provocarán otros tantos grandes virajes a su alrededor, así que se trata de hacer unas cuantas cosas de una manera un poco distinta. Este cambio es importante.

Ahora viene la compra del terreno y luego, el arquitecto, los planos, las decisiones sobre espacios, equipamiento y servicios. La casa tendrá todas las comodidades. Le hubiera gustado más cerca del pueblo porque es mayor y ha decidido vivir solo. Le conviene la cercanía, pero no le alcanza. Otra renuncia que se compensará con las nuevas tecnologías y comunicaciones. En realidad, siempre fue muy independiente y no le asusta la soledad. Al fin y al cabo, el mejor vecino es el que anda a más de un kilómetro, como dicen los noruegos.

Y ahora el diseño de la casa ecológica y domótica, con el centro de operaciones en la cocina, que controlará la temperatura ambiente, pondrá el horno o la lavadora desde la distancia, le permitirá acceder a Internet y charlar con sus hijos, hermanos y amigos. Ahora hay que decidir el lugar de los paneles solares y evitar el consumo que el modelo de vida anterior le imponía,  un modelo que tiene que cambiar y él siempre se anticipa a los cambios, como buen Acuario.

Decisiones, problemas, soluciones, consultas y un año dedicado apasionadamente a la construcción, siguiendo paso a paso cada avance, conociendo el trabajo de todos los operarios que van interviniendo. Ya sabe tanto como ellos, y está tan interesado que consigue que las obras finalicen en el tiempo previsto, algo increíble.

Y luego está su pareja. Un nuevo modelo de relación, cada vez más extendido. No vivirá con él, pero pasará allí unos cuantos días y algunas noches; un lugar relajante y tranquilo. Escucharán música, cocinarán juntos, tumbados en el porche  mirarán la luna y las lluvias de estrellas. Será solo para él, sin familia, sin gente. Los amigos irán a visitarle. ¿Qué sería sin ellos? Les ha reservado un hueco en la buhardilla para que se puedan quedar todo el tiempo que necesiten. Organizará cenas y encuentros. Sus hijos pasarán algunos fines de semana y allí los nietos podrán hacerse cabañas, perseguir lagartijas y correr miles de aventuras, como cuando él era pequeño. Se sentirá joven y disfrutará los espacios abiertos. Habrá espacio para todos.

Cuando la casa se haya familiarizado con él y él mismo haya conseguido adoptar cada uno de sus rincones, se concederá un tiempo de descanso, de música y libros, de conversaciones y paseos sin objetivos agobiantes y entonces puede que empiece a pensar en dedicarse al negocio del interiorismo, construcción de viviendas unifamiliares y decoración de interiores, extensión del modelo de energías renovables o algo de tipo tecnológico relacionado con el hogar, incorporando todos sus conocimientos y experiencias en nuevas tecnologías y soluciones ecológicas.

O tal, vez, si su corazón sigue inquieto, siempre podrá venderla para empezar un nuevo proyecto mucho mejor en algún lugar diferente porque ya siente que su espacio es él y que tiene el amor de su gente.

Pero,  ¿por qué tiene que dedicarse a algún nuevo negocio o a un nuevo proyecto de casa  y no, sencillamente, a disfrutar de la naturaleza, la música y de su gente? Eso sí sería hacer unas cuantas cosas de manera diferente.

No está en su naturaleza. Han pasado cinco años, ese sueño se hizo realidad  y ya he visto en Internet el cartel “SE VENDE”.

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